—¿Como qué?
—Tú —respondió sin dudar.
Ella se quedó inquieta, sin entender muy bien lo que Tácio quería decir.
—¿Yo? —lo cuestionó.
—No puedo sacarme de la cabeza tus palabras de aquel día en que te declaraste para mí.
—Ah, sobre eso… —se quedó incómoda.
Jamás habría tenido el valor de declararse si