En la pequeña sala, la mujer miró a las dos y preguntó:
—¿Cuál de ustedes es Rafaela?
—Soy yo —respondió Kate.
—Está bien, puedes sentarte aquí —dijo, extrañando a la acompañante.
—Por favor, no lo encuentre raro, es que me pongo nerviosa cuando veo agujas y mi amiga me ayuda a calmarme —dijo Kate,