El rostro de Tácio palideció tanto que parecía haber visto a un fantasma.
—¿Estás bromeando conmigo, verdad? —rió nervioso.
Pero se dio cuenta de que en ningún momento Rafaela parecía vacilar. La expresión seria de su rostro demostraba que no estaba bromeando.
—No es una broma —respondió ella.
—Rafa