Su respiración entrecortada le parecía una tarea infernal. Era como si estuviera cautivada por esos estanques de color negros. Por mucho que lo intentara, no podía apartar la mirada.
Él no dijo una palabra mientras sus ojos turbios se deslizaban por su cuerpo provocando que se le pusiera la piel de gallina antes de que finalmente volvieran a aparecer en su rostro. Agarrando la toalla, se frotó el cabello durante unos segundos antes de tirarlo al sofá.
Ella tragó saliva al ver la tinta acarician