BRYCE
Alene me cuelga, veo rojo y me inquieto al escuchar el llanto de mi hija, si le ha hecho daño, juro que se va a arrepentir toda la vida, o lo que le quede de ella. La sala de estar de la casa que compró América, está llena de personal que contraté para rastreo, detectives y de policías.
Ella pone atención a lo que dicen y se queda congelada cuando escucha la llamada que sostuve con Alene, el miedo, la desesperación y el vacío, se ven reflejados en sus pupilas, quisiera acercarme y asegu