BRYCE
Mis empujes son duros, profundos, me aferro a sus caderas al tiempo que endulzo mi oído con sus gemidos cuando pronuncia mi nombre, una y otra vez, sus pequeñas manos delicadas tocan mi pecho, está excitada, pero pese a eso, no me detengo.
Le duele, mi tamaño hace que su interior se estire y chilla, el placer, el dolor, el sentirse abrumada por tanto, hace que incluso sus mejillas se tiñan de un color rojo carmín.
—Duele —se queja.
Creé que con eso me va a detener, pero no, solo aumen