Punto de vista de Arwen
Las palabras de Kael quedaron suspendidas entre nosotros como una promesa peligrosa.
—¿Me lo permitirás? —preguntó el Alfa.
Arwen sintió que el corazón le golpeaba las costillas. Un ritmo irregular, traicionero, que esperaba que él no pudiera escuchar. Aunque sabía que sí podía. Los Alfas siempre podían.
Toda su vida había imaginado algo distinto.
Había soñado con encontrar a su compañero destinado. Alguien que la amara sin condiciones. Alguien que la eligiera por ella.