Adriana, llena de frustración, finalmente desahogó sus quejas después de beber.
Bajo los efectos del alcohol, ella y Roxana caminaban apoyándose una en la otra, tambaleándose, y salieron del bar.
El bar, considerado, llamó a un conductor designado y las acompañó hasta el coche.
—Este lugar es genial, definitivamente volveremos la próxima vez— comentó Adriana, con su cuerpo suave como un fideo mientras se deslizaba hacia el asiento trasero.
Roxana la siguió de cerca y ambas soltaron al unísono un