POV Amara
A la noche siguiente, Killian me llevó a cenar, tal como lo había pedido la noche de su migraña. No fue en cualquier lugar, sino en un restaurante que yo misma había elegido incontables veces en el pasado. Mi corazón dio un vuelco al reconocer el ambiente. La decoración no había cambiado: madera oscura pulida, iluminación tenue, el aroma a vino flotando en el aire.
Él no dudó en pedir una mesa reservada, alejada de las miradas curiosas. Un gesto tan típico de él… y que solo aumentó la