Tres meses después.
Una neblina oscura cayó sobre la habitación; las nubes grises escondían la pequeña franja de sol que intentaba asomarse. Kate se pasó al sofá marrón de piel sintética, su atención vagando entre la anticuada revista de moda en sus manos y la luz vibrante de la televisión enganchada en la esquina de la habitación. Vio a la pequeña y rubia presentadora sentarse sobre un taburete de bar, burlándose mientras lo hacía con demasiada facilidad a pesar de estar usando un vestido ceñi