ROBIN
Miré por la mirilla y solté el aliento, la tensión se derretía de mis hombros, el nudo apretado en mi pecho se aflojaba al ver a mi papá. Quité el pestillo y abrí la puerta de par en par para él, que me atrajo hacia un largo abrazo antes de entrar. Lo llevé a la cocina, le serví un vaso de agua y nos sentamos uno frente al otro en silencio.
Se veía destrozado, como si hubiera envejecido una década en el espacio de unas pocas semanas. El divorcio lo había jodido de verdad y dudaba que tuvie