CAPITULO 111

JACK

Ya habían pasado setenta y dos malditas horas y Robin no estaba por ningún lado. No había ninguna roca debajo de la cual no hubiera mirado, ningún rincón que no hubiésemos buscado, ningún maldito agujero que no hubiésemos espiado. Parecía que había desaparecido de la superficie de la tierra. Mi paciencia se estaba agotando, la confianza en encontrar a mi ángel menguaba, y cada fuerza policial especial en el caso parecía estúpida e incompetente en el mejor de los casos, siguiendo cada puta
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