Estaba de pie frente a la puerta, temblando no solo por la temperatura, sino por lo que ya sabía que iba a suceder.
Esos tres hombres ya estaban dentro. Adrián y Sebastian estaban sentados a la derecha y a la izquierda de la cama, con dulces sonrisas en sus rostros. Me sonreían como si yo fuera algo hermoso, cuando yo sabía que no era bonita.
León estaba de pie cerca de la ventana, con los brazos cruzados sobre el pecho. Ya era su posición estándar. Sus ojos negros me miraban con frialdad, sin