Todo parecía ir en dirección al desastre entre Jimena Fernández y Santiago Sánchez. Los dos se veían retadores y estaban lo suficientemente cerca para comenzar una lucha cuerpo a cuerpo.
Sánchez era incapaz de golpear a una mujer, pero Jimena prefería no confiar en nadie. En la jefatura, como fue una de las últimas oficiales en llegar, debió hacer distintos trabajos. La enviaron a caminar por calles casi desiertas, después la enviaron a lugares peligrosos acompañada de algunos oficiales insopor