Santos, colocó la bandeja con comida en una mesa que estaba a unos pasos de Elizabeth y se colocó de rodillas para desatar sus manos.
-Por favor Sr. no sé quién es usted, no he visto su rostro. Por favor, déjeme ir. Le aseguro que se han equivocado, mi familia no tiene la capacidad de pagar un rescate.
-¿Quién habló de rescate? añadió Santos.
Elizabeth sintió que se consumía del miedo y comenzó a llorar desconsoladamente, imaginando que le harían daño.
Santos esperó que ella terminara sus alime