Mi cara se descomponía cada vez más.
No hay nada más asqueroso y maloliente que el vómito de un borracho. ¿Este joven tan refinado y de alta cuna se había rebajado a cuidarme y limpiar semejante porquería? Ahora entendía por qué el bote de basura estaba impecable cuando desperté - él lo había limpiado todo esa misma noche.
—Me di cuenta cuando llegué a casa pero... no me atreví a llamarte. Gracias por molestarte en traerlo —continuó, sin notar mi mortificación.
Ese comentario me llamó la atenció