—Ah, ahora entiendo —asintió mi abuela.
Lucas me miró y dijo en voz baja: —Sería mejor asignar a dos personas para vigilar abajo, solo por precaución. Al menos hasta que el caso de los Martínez quede resuelto, entonces podremos estar más tranquilos.
—¿Qué? —respondí en voz baja—. ¿Tanto problema?
—No es problema, yo organizaré a la gente.
—No me parece bien. Hacer que pasen todo el día dentro de un coche, qué aburrido y qué incómodo.
Lucas respondió: —No importa, ese es precisamente el trabajo d