Me quedé mirando su silueta alta y esbelta. Aunque solo nos separaban unos metros, sentía como si hubiera un abismo infranqueable entre nosotros.
Entendí que Claudia, a su manera, había logrado su objetivo.
Aunque no me causó daño físico, había conseguido que los Montero se pusieran en guardia conmigo. Seguramente Elena ya me veía como un mal presagio para la familia.
Lucas terminó su llamada y me indicó que subiera al auto.
Me quedé inmóvil: —Mejor vete a casa, puedo tomar un taxi fácilmente de