—¡Ah, ahora entiendo! —exclamó Sofía cada vez más excitada e incapaz de contener su curiosidad—. ¿Quién tomó la iniciativa?
Recordando que Lucas había mencionado cómo me aproveché de él cuando estaba ebria, supuestamente besándolo y elogiando la suavidad de sus labios, entré en pánico y me giré instintivamente para ordenarle: —¡No hables! ¡No podemos seguir con este tema!
Lucas obedeció y no dijo nada, pero su mirada fija en mí revelaba una sonrisa cada vez más pronunciada.
Sofía, astuta como el