Pero estaba segura de no conocer a los Montero.
—¿Así que esta es la señorita Navarro? Es realmente hermosa, con una figura esbelta y un aire especial. No es de extrañar que tenga tanto talento —me saludó Elena con grandes halagos.
Me quedé en ese instante atónita, abrumada por tales cumplidos. Aunque desde pequeña me han dicho que soy bonita y suelo quedar encantada con mi reflejo en el espejo, casi con un gran narcisismo.
Pero una familia como los Montero debe estar acostumbrada a ver bellezas