Cansada de intercambiar WhatsApps, la llamé directamente.
Charlamos alegremente durante todo el trayecto, quedando en que cuando viniera a Altamira se quedaría en mi casa para ponernos al día.
Al acercarnos a la casa de los Montero, divisé una figura esbelta en la entrada, erguida como un pino bajo el sol invernal, con una elegancia extraordinaria.
Mi corazón dio un vuelco y me sonrojé.
Pensaba que estaría en la oficina, pero aparentemente hoy no se había quedado hasta tarde.
Pagani se detuvo y