—¡María, eres despreciable! ¡Tienes el corazón de una víbora y eres una manipuladora! —Carmen permaneció en silencio por un momento, incapaz de encontrar fallas en mis palabras, tan furiosa que rechinaba los dientes mientras su voz temblaba.
Yo solo sonreí sin decir nada, manteniendo la calma.
Era increíble cómo ellos me habían acosado, difamado e incluso intentado perjudicarme repetidamente, pero cada vez que yo volteaba la situación a mi favor, eran los primeros en hacerse las víctimas, critic