Contemplé el pañuelo que me ofrecía y vacilé antes de tomarlo con un suave "Gracias". Mi corazón se aceleró al recordar que aún guardaba otro pañuelo suyo.
Después de secarme las lágrimas y recuperar algo de compostura, sostuve el pañuelo con torpeza:
—Eh... cuando lo lave...
—No es necesario —me cortó Lucas, tendiendo la mano para recuperarlo.
Con las mejillas encendidas, bajé la vista y me concentré en terminar mi plato.
Al acabar, hice señas al camarero para pedir la cuenta, pero este me info