—Lo denuncié, mi propio padre irá a prisión —dije despreocupadamente mientras me sentaba en el auto, conectaba el teléfono al manos libres y me abrochaba el cinturón—. Vine a contarle a mi madre para que se alegre donde esté.
Lucas también rió:
—Actuaste muy rápido.
—Por supuesto —respondí con orgullo—. Si no, me habrían hecho cargar con sus culpas. Perder dinero es lo de menos, podría haber terminado en prisión.
—Eficiente y decidida. Me has impresionado otra vez.
—Gracias por el cumplido, seño