—Señorita Navarro, ¿podría acompañarnos? Por protocolo, necesitamos tomar su declaración —preguntó el policía.
—Por supuesto.
Como denunciante, debía cooperar con la investigación.
Mariano fue esposado y llevado, mientras los empleados de su nueva empresa observaban atónitos.
Pobres, apenas habían empezado a trabajar y ya tendrían que buscar otro empleo.
Después de dar mi declaración en la comisaría, ya eran las siete de la noche.
Al salir y ver las luces de la ciudad, sentí un repentino deseo d