Mi abuela, al enterarse, también se sorprendió muchísimo: —¿Todavía recuerdan algo que pasó hace más de diez años?
—Abuela, ¿sabías que quien vino a dar las gracias en ese entonces era el patriarca de los Montero? —pregunté con curiosidad—. Después de jubilarse, se quedó a vivir en Nuevalora.
—¡Cómo iba a saberlo! —exclamó mi abuela—. Solo vi que por sus insignias era un General de División.
—Después ascendió a General de Ejército.
—¡Qué prestigioso! —suspiró mi tía—. Están fuera de nuestro alca