El juego

Leticia: “…” 

—¿Y si yo solo quiero al niño? —replicó, clavando en él sus ojos brillantes y decididos. 

Santiago dejó escapar un suspiro suave.

Sus facciones afiladas se relajaron ligeramente y en su expresión apareció un destello de impotencia… mezclado con algo peligrosamente parecido al afecto. 

—Entonces supongo que no tengo derecho a opinar. 

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