—Trae los documentos que necesito firmar al penthouse. Hoy no iré a la oficina —dijo Lucien por teléfono mientras permanecía de pie junto a la ventana de su estudio.
—¿Se encuentra bien, señor? —preguntó Caleb de inmediato, con evidente preocupación. Era muy raro que Lucien faltara al trabajo a menos que hubiera surgido algo realmente importante.
—Sí. Estoy bien —respondió Lucien con calma.
Hubo un breve silencio antes de que Caleb contestara.
—De acuerdo. Voy para allá.
Lucien colgó la llamada