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Adele.
El alfa de la manada me ha enviado a su habitación, como si yo fuera algo de su propiedad.
― ¡Déjenme salir! ―le pido a los guardas que se encuentran apostados en la puerta, como si fueran mis carceleros.
Igual que sucedió días atrás, cuando el alfa creyó que yo era culpable de intentar asesinar al bebé.
Y ahora me pregunto de qué otra cosa más creerá que soy capaz.
No, no le voy a permitir que me vuelva a hacer una cosa como esta o que me quiera llevar hasta una celda fría, al la