32. Amor.
Vimos el atardecer desde la ventana de la hogareña sala de la casa. Las paredes y pisos de madera le conferían una calidez extraordinaria. A diferencia de los departamentos este lugar se sentía lleno de vivacidad, con plantas en macetas cerca de cada ventana, libreros repletos de libros y una esponjosa alfombra roja entre el sillón y la televisión. Christian y yo dormitábamos sobre la alfombra, envueltos en una sábana, cansados por las actividades previas.
- Es una casa hermosa. -comenté, mi mi