El don era un monstruo enigmático para Janet, pero había una cosa que sabía sobre él.
Nunca se follaba un agujero que no rogara por ello. En su lugar, encontraba una forma de hacer que las mujeres cayeran en sus encantos.
El bastardo disfrutaba la persecución. Le encantaba la seducción. Se drogado con romper mentes y coños por igual.
Algunas de sus hermanas eran reacias. Otras estaban ansiosas y rogaban por su polla de inmediato. Pero todas terminaban siendo desastres corriéndose en su polla.
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