No podía negarlo. La embistió con más fuerza.
—Cállate y toma mi polla, zorra. Esta es la última vez, así que más te vale disfrutarla, joder —dijo con voz ronca, follándose su coño como un hombre hambriento del toque de una mujer.
Jessica no se merecía esto. Era genial en la cama. Estaba dispuesta a explorar todas sus fantasías jodidas. ¿El problema? Ella no era la que creaba dichas fantasías jodidas.
El tabú de follarse a su hijastra estaba destrozando su cordura, pero, como cualquier groupi