CRISTINE FERRERA
Le pedí a Jimena que cuidara el sueño de mis pequeños mientras yo salía a dar una vuelta, insistiendo en que necesitaba aire y que no iría muy lejos. Me vio con desconfianza, pero no me hizo preguntas.
Después de avanzar un par de calles, decidí parar un taxi y la dirección a donde quería ir me costó pronunciarla. Todo el camino le fui dando vueltas a la plática mientras ignoraba los mensajes insistentes de Rinaldi, desesperado por una respuesta.
Si había posibilidad de volve