ELIOT MAGNANI
Me levanté del suelo y me deshice del agarre de Derek, quien intentó levantarse una vez más, pero el cansancio y la falta de sangre hicieron que de nuevo se dejara caer.
—No te mueras todavía —le pedí antes de salir de la cabaña. El frío se estaba volviendo insoportable. Busqué en el enorme cobertizo que quedaba a unos metros. Ahí guardaba el abuelo la camioneta vieja, solo rogaba porque aún sirviera.
Después de romper las cadenas con una palanca igual o peor de oxidada, pude ve