CRISTINA FERRERA
Bajé mis manos lentamente por su piel, no con intención de acariciarlo, solo como un reflejo de mi cuerpo perdiendo las fuerzas, cuando mis dedos alcanzaron una cicatriz en su abdomen bajo que nunca había sentido antes. Agaché la mirada y entonces la vi, parecía una cortada como de unos veinte centímetros y bastante vieja.
Si de algo estaba segura, es que eso no estaba ahí.
—Quédate con la ducha, yo ya terminé —dijo tajante antes de dejarme sola bajo el agua y completamente c