Mundo de ficçãoIniciar sessãoSERVIDO A MI SACERDOTE.
Me arrodillo en el confesionario, con las rodillas doloridas contra el gastado reclinatorio de madera, mientras mi mente se acelera entre la culpa y los nervios.
La celosía está oscura, pero sé perfectamente quién se sienta al otro lado. El padre John Benedict.
Treinta y ocho años. Hombros anchos que tensan su sotana negra cada vez que levanta el cáliz. Manos que se demoran medio segundo de más cuand







