REGINA
— No entiende, no lo volveré a hacer, ¡Ya déjame en paz! De una vez por todas, cánsate.
— Soy tu madre es tu obligación. —No puedo creer que lo vuelva a hacer, eso me pasa por estúpida, ellas me lo advirtieron y yo de autosuficiente, la creía que todo lo sabía caí en su trampa.
—Y era tu obligación acogerme en mi propia casa y no botarme como un perro a la calle, tenía diecisiete malditos años diecisiete, ya aléjate de mí, haz de cuenta que no existo, por favor te lo pido de una vez por