NELSON.
Al día siguiente mi tobillo se sentía mucho mejor. La hinchazón había bajado y podía caminar sin cojear demasiado, pero igual me senté fuera de la práctica. El entrenador no quería arriesgarlo. Me quedé en la banca viendo a mi equipo correr drills, ladrando órdenes cuando era necesario. Mi labio todavía estaba adolorido bajo ese estúpido band-aid de dibujos que Nelly me había puesto, pero cada vez que lo tocaba recordaba su cuerpo encima del mío ayer. La suavidad pesada de sus tetas mas