—Amara, sinceramente, he venido a decirte que sé lo que intentas hacer. —Reunió toda la firmeza que pudo en su voz.
Se inclinó hacia adelante, su pecho tensándose contra la fina tela blanca. Él no pudo evitar mirarla, y contuvo la respiración mientras recorría con la mirada la forma de sus magníficos senos. Amara notó su mirada y sonrió con picardía.
«Ah. ¿Te diste cuenta? ¿Y qué piensas hacer al respecto?», preguntó con picardía. Le puso una mano en el muslo y el hombre dio un brinco de casi t