No sabía por qué, pero tenía la sensación de que su trato era algo más. No es que tuviera idea de qué se trataba, pero la sonrisa en su rostro transmitía una vibra diferente. Aun así, decidí escucharlo.
—Está bien, Sheriff —exhalé después de pensarlo un momento—. Escuchémoslo.
—¿Qué tal si te follo aquí mismo y olvidamos que ibas excediendo el límite de velocidad? —Sus ojos bajaron hasta mi pecho, donde mi escote se mostraba por encima del cuello de mi blusa, y pude ver el hambre en ellos.
Arqu