Capítulo 35: El peso de un error.
Al llegar a la mansión, el portón se abrió automáticamente, como siempre. Una vez dentro, apagó el motor y se quedó inmóvil en la oscuridad del auto, estudiando la fachada de la casa. Las luces estaban encendidas; eso significaba que Clara y los demás seguían allí, despiertos, tranquilos, viviendo su vida con tranquilidad, mientras Alejandra y su hijo estaban a punto de morir.
Con el rencor, la rabia alimentada en su interior, y salió del auto. Caminó por el camino de piedra hasta la puerta pri