Capítulo 32: Un hombre dispuesto a todo.
Mason retrocedió, saboreando el regusto metálico de su propia sangre. Sus labios estaban partidos, pero la sonrisa todavía estaba allí, una cicatriz de insolencia que desafiaba a Carter.
Carter respiró profundamente, su pecho se movió en un vaivén descontrolado por la rabia que lo consumía. Mason se retorció sobre el suelo, sujetándose la cara con ambas manos.
—Sácala de tu boca —masculló Carter, volviendo a golpearlo, apuntando al lánguido cuerpo tendido en el suelo—. No tienes derecho a habla