En el segundo en que la puerta del apartamento se cerró de golpe detrás de mí, supe que esta noche no iba a ser suave.
Mi abrigo cayó al suelo. Los zapatos le siguieron: un tacón se deslizó bajo el sofá como si estuviera huyendo de mí. La cita había sido un puto desastre. Chico guapo, buena mandíbula, pero hablaba de su liga de fantasy football como si fuera un juego previo. Para el postre estaba tan aburrida que mi coño casi bostezaba. Solo podía pensar en llegar a casa, desnudarme y tocarme h