Los días después de esa primera noche con Mason se convirtieron en un ritmo adictivo y sucio que me consumió por completo.
Despertaba sola en mi cama, con el cuerpo todavía vibrando por la forma en que me había follado la noche anterior, las sábanas enredadas y oliendo a sexo y a él. Mi coño estaba adolorido de la mejor manera: hinchado, sensible, un recordatorio constante de lo profundo que había estado, de lo fuerte que había embestido hasta hacerme gritar su nombre.
Me tocaba en la ducha cad