Punto de vista de Louve
En el instante en que sonó la alarma, ya estaba despierta. No porque la oyera primero, sino porque mi lobo interior ya se había alzado, presionando contra mi piel como algo viejo y furioso que exigía salir. Llevaba dos horas tumbada en la cama, mirando al techo, escuchando cómo la mansión se instalaba a mi alrededor, los lejanos movimientos de la patrulla, esa cualidad particular de la noche que me decía que algo andaba mal incluso antes de que la alarma lo confirmara. C