Amaneció en la ciudad, y el ambiente presagiaba lluvia. La ciudad seguía su curso como si nada hubiera pasado.
Los coches circulaban por las calles, los vendedores pregonaban sus productos para atraer clientes y el aroma a café recién tostado flotaba en el aire desde los pequeños cafés a lo largo de las aceras. Los oficinistas se apresuraban a cruzarse con sus teléfonos pegados a la oreja, ajenos a la tensión que se respiraba a pocas cuadras de distancia.
Pero cerca del Hub, el ambiente era dif