El agua caía sobre la cabeza de Natalie, mezclándose con sus lágrimas.
Su teléfono sonó. Su sénior tenía curiosidad por su reunión con Billy, así que la llamó.
El teléfono estaba en su bolso, pero lo había tirado al suelo.
Media hora más tarde, salió de la ducha y se tapó bien con la toalla.
Su rostro seguía pálido y su mirada estaba desenfocada. Parecía estar muy afectada.
Se dirigió a la sala y recogió su bolso.
Tenía mucho miedo. Quería compañía, pero no sabía a quién llamar.
Sacó el