Avery vio que Elliot miraba fijamente el coche rosa metálico y se sintió extrañada.
El guardaespaldas lo vio y preguntó enseguida: "Señorita Tate, ¿le abro la puerta?".
"... Sí". Avery forzó una voz ronca desde el fondo de su garganta. "Ábrele la puerta. Iré a por un vaso de agua".
Tras decir eso, se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a la mansión.
Elliot se dio cuenta de que ella entraba y sintió que lo evitaba por la culpa que sentía.
El guardaespaldas se dirigió a la puerta y dejó pasar