Robert se esforzó por llegar al suelo, recogió su bolita y se la entregó a Elliot.
Elliot no entendía qué quería decir Robert, así que le preguntó a la señora Cooper.
"Quiere que lances la pelota y él la recogerá", explicó la señora Cooper.
De repente, Elliot pensó en otras personas que criaban perros de compañía y jugaban a esos juegos infantiles con ellos.
En ese caso, el dueño lanzaba la pelota y el perro la recogía.
Inesperadamente, a su hijo también le gustaba jugar a este juego.
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