Un destello de luz no muy lejano captó de repente la atención de Avery.
Levantó su teléfono y enfocó la luz en dirección al destello.
En el fondo del extenso barranco estaba la clara silueta de un hombre tendido en el suelo.
“¡Elliot!”.
Avery soltó un grito agudo antes de ponerse en cuatro patas y arrastrarse hacia el barranco.
“¡Ya voy, Elliot! ¡No tengas miedo! Estarás bien… ¡Estarás a salvo!”.
Al escuchar sus gritos, el guardaespaldas gritó colina abajo: “¡¿Lo has encontrado?!”.
“¡Sí!